LOS PROBLEMAS DE LA JUVENTUD ACTUAL


Samuel Aguirre Ochoa

En los tiempos que corren se van incrementando los problemas entre los jóvenes, que al no atacarlos correctamente se convierten en una verdadera desgracia para su familia, para ellos mismos y para el país entero. Son la drogadicción, el alcoholismo, el libertinaje sexual, el pandillerismo y la violencia juvenil sólo algunos de los problemas de la juventud de nuestro tiempo. Resulta verdaderamente triste que millones de jóvenes inviertan su energía e inteligencia en actividades que no le reditúan beneficio alguno y sí, por el contrario, se exponen a los vicios más denigrantes, llegándose a los extremos de que muchos de ellos truncan su vida profesional y se convierten en verdaderos lastres para la sociedad.

No soy especialista en este tema, pero sí me he encontrado de manera recurrente con estos problemas entre los jóvenes, por el contacto que mantengo con las colonias populares y con los pueblos de la entidad veracruzana, hecho que me ha animado a emitir una opinión sobre los mismos, particularmente ahora que leí las declaraciones del maestro Natalio Arrieta Castillo, director de Educación Primaria Estatal, publicadas el pasado 12 de junio en algunos medios de comunicación estatal, en las que afirmó que los problemas de desintegración familiar y violencia se han incrementado con el internet y la globalización y que, por tanto, se hace urgente combatirlos.

Creo que son dos las vertientes profundas que explican los problemas de la juventud actual:

La primera, es el impulso de la juventud que busca un espacio en la sociedad a la que está llegando; porque ser joven significa esencialmente estar en proceso de adquirir una visión totalizadora del carácter de los problemas y de las oportunidades que para cada hombre ofrece la actual sociedad. Ser joven, es una especie de búsqueda, de inquietud por orientarse en la sociedad moderna a la que se está integrando y que para él resulta algo desconocido.

Para ubicarse en la sociedad, el joven no cuenta con las armas ni los conocimientos para lograrlo, por lo que de lo único que puede echar mano es de su voluntad de afirmación social y de su valor personal. Y como la mayoría de los jóvenes no saben qué hacer para que los adultos le presten atención, para hacerse escuchar y ganarse un lugar dentro de la sociedad, adoptan actitudes estridentes e impositivas como el enrolarse en las famosas bandas o pandillas, lugar en el que lo único que encuentran como solución, son falsas salidas, como la drogadicción y el alcoholismo.

La sensación de soledad, de abandono, de falta de cariño que se genera entre los jóvenes a determinada edad, al pasar de la adolescencia a la juventud, y la falta de orientación dentro del hogar constituye unas de las causas fundamentales que generan los problemas de los jóvenes.

La otra causa, de tan graves problemas es precisamente la sociedad actual, pues ésta tiene conciencia de las inquietudes y temores de los jóvenes sólo a través de los estudiosos especializados, pero la sociedad en general, es decir, los padres de familia, la inmensa mayoría de los maestros y el público en su conjunto, no conocen los orígenes de los mismos ni la forma de remediarlos, lo que trae como consecuencia que la sociedad en la que se desenvuelve el muchacho no sea un buen medio para que el joven supere sus problemas.

En una sociedad incomprensiva y egoísta como la nuestra, el joven no encuentra el medio adecuado para superar sus problemas y la mayor parte de las veces encuentra lo contrario: el joven busca sentirse útil y encuentra burlas y rechazo; busca trabajo y encuentra las puertas cerradas. Por lo anterior, va llegando a la conclusión de que no vale la pena esforzarse por integrarse a esta sociedad que lo rechaza. Busca entonces las soluciones aislacionistas, que dependen solamente de él o de un pequeño círculo de amigos íntimos que cree que sí lo comprenden.

Y así, la sociedad capitalista, por no acoger al joven en su seno para ayudarlo a superar sus inquietudes propias de la edad, es la otra causante de que los jóvenes busquen las salidas falsas.

Estas son, pues, las dos vertientes fundamentales que provocan la desgracia de millones de jóvenes, la primera, repito, es precisamente el impulso vital de la juventud que busca un espacio en la sociedad moderna y, la segunda, la sociedad incomprensiva que en lugar de acoger al joven y ayudarlo, lo rechaza.

Ante tal situación, estoy totalmente de acuerdo con el profesor Natalio Arrieta en el sentido de que hay que entrarle entre todos a atacar las causas que generan la desintegración familiar y la violencia, de lo contrario, muchos de estos jóvenes desorientados y sin empleo, mañana pasarán a engrosar las filas de la delincuencia organizada.
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