El transcurso del tiempo

 Ezequiel Castañeda Nevárez

La conclusión de un año y el inicio de otro nos da la oportunidad de reflexionar acerca del transcurso del tiempo y de cómo determina este nuestra existencia porque, finalmente, nuestra vida con todos nuestros actos va, irremediablemente, de la mano con el tiempo.

“El tiempo transcurre; todo esto es como un cuento que se le ocurrió a alguien –dijo Fidel Castro, en su visita a Tuxpan en diciembre de 1988- Es como un sueño; como si alguien hubiera inventado todo lo que ha sucedido y nos lo viniera ahora a platicar; como una historia fantástica que no sucedió en la realidad” decía emocionado el líder cubano, en el mismo lugar de donde había partido tres décadas atrás rumbo a Cuba. Allí mismo, el distinguido personaje dio un consejo para todos los asistentes, principalmente para los jóvenes: “no pierdan nunca de vista que el tiempo transcurre”.

Fue un 1º de enero de 1959, cuando Fidel Castro y sus tropas tomaron La Habana para dar fin a la dictadura de Fulgencio Batista. Desde ese entonces, han transcurrido muchos años desde esa visita a Tuxpan, en donde recordaba lo ocurrido treinta años atrás.

Fidel había venido a México, atendiendo la invitación de Carlos Salinas de Gortari a su toma de posesión. Era el primer día para Don Fernando Gutiérrez Barrios como Secretario de Gobernación; lo mismo para Dante Delgado, como Gobernador de Veracruz y para el maestro Pericles Namorado, como Alcalde de Tuxpan. Amigos del área de Acción Social me permitieron subir a saludarles al estrado instalado en Santiago de la Peña cuando de pronto el arribo de los personajes principales me impidió bajar de este. Así, sin proponérmelo, me vi al lado de Gabriel García Marquez, de Aguilar Camín, Ivan Restrepo, Heli Herrera y de otros que no recuerdo, justo atrás del Comandante Fidel Castro, de Jorge Moreno, Presidente del Congreso, de Don Fernando, Dante y del maestro Pericles. Allí le escuché a Fidel hablar sobre el transcurso del tiempo. ¿Quién iba a decir –se preguntaba, palabras más, palabras menos- que este día, nos reuniríamos las mismas personas que nos conocimos hace treinta años? refiriéndose a Gutiérrez Barrios. Dos jóvenes –siguió diciendo- uno, que representaba entonces las esperanzas del pueblo cubano, hoy, con la enorme responsabilidad de ser Presidente de la República de Cuba; y otro, que en ese entonces representaba al ministerio de gobernación, ahora, precisamente como Secretario de Gobernación de su país. ¡Nadie podría, en aquel tiempo, imaginar este reencuentro!

Ya han transcurrido varios años, desde que le escuché esas palabras a Castro. En el mismo acto, hombro con hombro y rodilla con rodilla con este personaje de la historia, vi que una conocida periodista le obsequió un libro de su autoría, que Fidel firmó y se lo regresó, pero ella le dijo que se lo obsequiaba. También vi a una joven tuxpeña, Hilda Bravo Bonilla, que le pidió al Comandante le regalara su gorra “Mira -le contestó- es la única que traigo. Mañana debo estar con militares y no puedo ir sin gorra, pero te la enviaré” cumplió su palabra una semana después a través del Cónsul cubano.

La remembranza de ese pasaje histórico y el inicio de este nuevo año, dan lugar a la reflexión acerca del paso del tiempo, que nos hace coincidir con Castro Ruz y con otro líder político como lo fue el patriarca Moisés, quien dijo en su oración, acerca del tiempo y de su marcha: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”, consciente el viejo guía de que mil años son, en la cronología del creador, como el día de ayer, que pasó; son como un sueño, meditaba el patriarca en su cavilación, coincidente con lo que dijo Fidel. Esto nos hace a nosotros pensar que, si un milenio transcurre como un sueño, los años son nada en la vida de Fidel Castro ¿Qué es un año más que concluye? Contémoslo de tal modo que traigamos al corazón sabiduría, porque, además, conocer el tiempo, como lo afirma Renato Leduc en su famoso soneto Tiempo y destiempo, es una sabia virtud. Vivir para contarlo. Esa es la cuestión.
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